23 abril 2008

Aniversario de María Lavalle Urbina



MARGARITA ROSA ROSADO M., SUBSECRETARIA DE PLANEACIÓN, ORADORA OFICIAL EN EL XII ANIVERSARIO LUCTUOSODE LA LIC. MARÍA LAVALIE URBINA. ABRIL 23 DE 2008.

Conmemoramos esta mañana un aniversario que aún podemos calificar de reciente, en tiempo y en el afecto colectivo de los campechanos y campechanas; me siento afortunada y conocida de poder compartir con ustedes algunas reflexiones sobre el personaje que nos ocupa este día; más que el recordatorio de una fecha luctuosa, sea ésta ocasión para recordar con alegría y con buen ánimo a una mujer a la que nunca abandonó el optimismo y el buen humor.

Muy optimista tenía que ser una mujer nacida en 1908, cuando todo estaba por hacerse en materia de género, cuando era más mucho más cierta que ahora la frase "sexo es destino". María Lavalle no hubiera sido todo lo que fue si no hubiera decidido, si no se hubiera atrevido a ser ella misma, si no hubiera emprendido la aventura de ser mujer en una época en la que lo común, lo normal, era que el género masculino ocupara y desempeñara todas las funciones de responsabilidad. Por eso empieza a estudiar Derecho a los 32 años, cuando la carrera de maestra normalista ya no podía darle más, y ella anhelaba más, sabía que podía darle al estado, al país, al género, mucho más.

Así la educadora se convierte en abogada, después, en diplomática, después en política, pero siempre siguió siendo profundamente campechana, su campechanía la acompañó a lo largo de toda su vida. En este tránsito de una responsabilidad a otra, la licenciada Lavalle fue la primera en muchas esferas de la vida pública: primera magistrada del Tribunal de Justicia del D. F., primera senadora de la República, primera mujer presidenta del Senado y miembro de la Gran Comisión de esta Cámara. Hoy día, cuando resultaría escandaloso que no hubieran mujeres en el Poder Legislativo, no es fácil imaginar cómo sería ser la primera y casi única mujer en esos menesteres, cómo la verían sus compañeros, cómo se habrá construido un espacio de convivencia y trabajo entre ellos.


Doña María se crecía ante los desafios, pues su carrera siempre fue en ascenso y cosechó éxitos y reconocimientos, entre los más destacados, en 1973 por los eminentes servicios en pro de los derechos humanos que le otorgara la Organización de las Naciones Unidas, consecuencia natural de su fructífero trabajo a su paso por el máximo foro internacional en la promoción y defensa de los derechos de niños, jóvenes y mujeres. En 1981, pueblo y gobierno de su estado natal la hicieron objeto de la primera edición de la medalla Justo Sierra Méndez, en afortunado homenaje simultáneo de dos personajes que han puesto en alto el nombre de Campeche. y en 1985, el Senado de la República, que apenas 20 años atrás abriera sus puertas al género femenino y a ella misma, le otorgó la medalla Belisario Domínguez.

En esa ocasión, recientes las amargas consecuencias de los sismos que estremecieron la ciudad de México, doña María dedicó buena parte de su mensaje a solidarizarse con las víctimas del terremoto, y de manera especial se refirió a, cito, "una lacerante injusticia que el sismo puso al descubierto: la inicua y solapada explotación de que han venido siendo víctimas una gran cantidad de mujeres mexicanas" trabajadoras de la industria textil. También, al terminar, hizo una emocionada evocación de su amado Campeche, de su magisterio en la escuela de San Francisco y de su paso por el Instituto Campechano al que calificó de "glorioso", reconocido y encomiado por propios y extraños.

Tuve el privilegio de conocer y tratar a doña María durante el tiempo en que coincidimos en la Secretaría de Educación Pública. Una extraordinaria conversadora, generosa con su tiempo, con sus vivencias y con sus enseñanzas, fue para mí una verdadera fortuna tener la oportunidad de compartir con ella muchas horas de amena plática. Algo que siempre me llamó la atención fue la extrema sencillez que la caracterizaba, supongo que estaba consciente de su trayectoria y de lo que llegó a representar para la promoción del género, pero nunca se dejó llevar por la solemnidad ni por el acartonamiento; alegre, vivaz, aguda, rápida en el comentario y la respuesta, nunca presumió de su voluminoso bagaje intelectual o del poder que ejerció en los varios cargos que tuvo a lo largo de su vida pública, que más bien asumió como responsabilidades y como oportunidades de servicio.

María Lavalle fue, así, campechana por nacimiento y campechana por vocación, por temperamento, en todas sus expresiones y todas sus acciones. Supo sumar a su alrededor, es decir, fue una verdadera política, que conocía el valor real de la palabra, del diálogo y de la búsqueda de las coincidencias, de lo que une, no de lo que separa y divide. Cuántas Marías Lavalle hacen falta hoy en el escenario político nacional y cuántas lecciones tendrían que tomar con ella las y los políticos que aún no acaban de establecer las condiciones para la convivencia y el desarrollo del país. Para bien de nuestro estado, el gobernador, contador público Jorge Carlos Hurtado Valdez, se ha constituido heredero ideológico de doña María, pues en el ejercicio cotidiano de sus responsabilidades se manifiesta con esa misma sencillez y campechanía, y su gobierno ha abierto las puertas al género femenino, con la seguridad de que éste sabrá asumir el servicio público con el empeño y la dedicación de los que él mismo nos pone el ejemplo a diario.

De lo mucho que habrá tenido que sacrificar en lo personal, en su vida privada doña María, sólo ella y quizá sus más cercanos lo supieron. Fue el precio a pagar por haber abierto brecha, por haberse atrevido a internarse en caminos que para entonces muy pocas mujeres habían pisado, por marcar huella. El precio que estuvo dispuesta a pagar y que seguramente puso en balanza a lo largo de su vida; supo que tenía una tarea que cumplir y lo hizo a cabalidad, no en balde su frase "nos dan un sitio, pero no nos dan nuestro lugar", y por ese lugar para el colectivo femenino se esforzó como pocas mujeres de nuestro tiempo.

María Lavalle fue primera en muchas situaciones, por eso su trayectoria marcó un hito entre las mujeres, es una feliz coincidencia que además fuera nativa de este solar, para que los campechanos tengamos un motivo adicional de orgullo por esta tierra y las campechanas en particular tengamos un icono propio en que apoyamos para seguir dando la batalla por la equidad de género.

Muchas gracias.

Mujeres en Campeche

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